Miqui

En otra vida, Miqui fue una niña perteneciente a un antiguo asentamiento humano que intentaba sobrevivir en la salvaje selva Zaltec. Su destino se truncó de forma violenta al ser entregada como un sacrificio, pero su viaje no terminó en el altar. Al fallecer, su alma se extravió en la penumbra del camino hacia el más allá.

Mucho tiempo después Cempasúchil encontró sus restos y, siguiendo sus instintos ancestrales de su vida como espíritu, colocó pétalos sobre ellos y le devolvió la esencia a Miqui, convirtiéndola en una calavera con vida.

Aunque el trauma borró de su mente detalles de su vida humana como su nombre original o el rostro de sus padres, Miqui recuerda el sabor de los manjares, el ritmo de las danzas ancestrales, tradiciones, canciones y bailes de su pueblo. Adoptó el nombre de Miqui, un término referido al acto de morir y trascender, como un símbolo de su nueva identidad.

Junto a su inseparable amiga Cempasúchil, emprendió el viaje hacia el Gran Árbol, donde abrieron un Temazcal –un baño de vapor ancestral con fines terapéuticos y de purificación espiritual–. Allí, mientras su compañera interpreta el destino con sus cartas, Miqui utiliza sus recuerdos de los rituales antiguos para realizar limpias y embrujos, ofreciendo consuelo y protección a quienes se aventuran en Quiu.

Miqui es una apasionada de los dulces, especialmente de las cocadas, las cuales suele llevar consigo para regalar a quienes visitan su puesto.