Tigo

Tigo no fue concebido para la vida, sino para el tormento. En las profundidades de la selva, la civilización Zaltec lo moldeó con paja y ritos prohibidos, otorgándole la forma de un muñeco vudú cuya única razón de ser era actuar como un recipiente de maleficios contra un antiguo Titán. Sin embargo, el ritual de su creación fue imbuido con un poder tan descomunal que la magia desbordó su propósito original y, en lugar de ser una herramienta inerte de maldición, Tigo despertó con una consciencia propia.

Al abrir los ojos en una cultura forjada sobre el sacrificio y la guerra, se vió rodeado por la misma naturaleza violenta que lo había engendrado, lo que lo llevó a huir desesperadamente de su tierra natal para escapar de su destino como un arma que podría perjudicar a otros.

Su errático viaje por Quiu lo condujo finalmente a las cercanías del Gran Árbol. atraído por una fuerza que no lograba comprender. Aunque Tigo buscaba la libertad y la paz lejos de los altares de sacrificio de los Zaltec, la oscura magia que emanaba el Árbol lo atrajo irresistiblemente, pareciendo estar ligada a la oscuridad de la que intentó escapar.